miércoles, 11 de abril de 2018

Tejidos africanos


Siempre he albergado serias dudas sobre la capacidad del espectador de aprehender el sentido de una obra abstracta, incluso cuando yo mismo he trabajado en esa dirección durante un periodo de mi obra. En las culturas primitivas los elementos que aparecían tenían un significado concreto. Una magnífica exposición que hay en Museo Nacional de Antropología en Madrid, sobre tejido africanos, ha reafirmado esas dudas. Todo, formas y colores, se pueden traducir en algo inteligible. Una visita más que útil.





viernes, 12 de enero de 2018

Limones

Estos últimos meses, de junio del 2017 a enero de 2018, he sido testigo de algo que puede parecer banal, pero que para mi ha sido muy importante, observar, prácticamente cada día, como un limonero gestaba sus frutos, desde la flor hasta el limón ya maduro.Siempre me he preguntado dónde las plantas guardan la información para una tarea tan compleja, tan perfecta. Seguro que un botánico me daría la repuesta, pero prefiero pensar en algo mágico, misterioso. Como casi todas las cosas de la naturaleza, que damos por sabidas pero, en general, ignoramos. 











sábado, 26 de noviembre de 2016

La Casa Grande y Arcos de la Frontera

Esta primavera estuve en Arcos de la Frontera, en el hotel de Elena Posa La Casa Grande. El motivo era un encargo de Elena para hacer una serie de dibujos que se convertirían en una suite de doce acuarelas sobre la Casa Grande y sobre el mismo Arcos. Este es el resultado.














viernes, 23 de septiembre de 2016

Libros amigos


Reanudo una tradición de este blog, hablar de libros. Un apartado de esta costumbre tiene el título de libros amigos; ello tiene dos sentidos, libros escritos por amigos, pero también que el libro en sí mismo se ha convertido en un amigo.

Poco puedo decir sobre este peculiar texto, pero hay algo que debo poner aquí. Hace un tiempo que Jordi me pasó  el manuscrito, lo empecé a leer y no lo pude dejar hasta terminarlo. Hay algo en él de hipnótico. Algo que hace que las manos no puedan soltarlo y que sea imposible que los ojos dejen de recorrer sus líneas. En muy pocas ocasiones me ha sucedido algo de este tipo.

Man Ray

Man Ray escribió una autobiografía titulada Self-Portrait: Es ciertamente interesante, testimonio directo de unos años y unos lugares exclusivos.

En el libro no hay demasiadas ilustraciones, se debe suponer, con acierto, que casi todos tenemos en el recuerdo sus trabajos. Pero hacia el final del libro hay una imagen bien peculiar, un cuadro pintado en 1952, Rue-Férou:



El autor escribe el siguiente comentario sobre la tela:

"¿Por qué había pintado un cuadro así? Sencillamente dije, porque se suponía que no debía hacerlo 
-observé que alguno de mis contemporáneos sentían la misma urgencia por pintar un cuadro así, pero no se atrevían- y me gusta contradecirme.

Unas páginas antes hay las siguientes palabras escritas después de dictar una conferencia:

"La gente se acercó para darme la mano y elogiar mi intervención: no se habían aburrido. Otras conferencias siempre respondían al mismo esquema general, mientras que la mía había sido un intento sincero de transmitir pensamientos que habían ido cristalizando con el paso de los años, con un lenguaje lo más llano posible, sin caer en la incomprensible y abstrusa terminología que suele acompañar al arte contemporáneo."

Un motivo para la reflexión.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Primavera, verano, otoño, invierno





Durante este año Elena Posa, me ha pedido para su hotel, cuatro imágenes relativas a cada una de las estaciones. Aquí están: primavera, verano, otoño e invierno.

Al dorso de cada una de las tarjetas hay un texto redactado por Elena:

Primavera

En la naturaleza, la espiral evoca el despertar, la regeneración, el viaje mítico, como las hojas que se abren y orientan hacia la luz...

Verano

Solsticio de verano

Saltaron sobre el fuego,
bailaron sobre las olas.
Prosiguió el rotar entre la luz y la oscuridad.

Otoño

Constelaciones de otoño

El caballo alado de Pegaso dibuja estrellas
mientras pace en el firmamento.

Gotas de agua recorren la lluvia.

Hacia el sur trazan surcos las aves.

Mirando el caballo,
oliendo la lluvia, 
escuchando los pájaros.

Esbozando mapas invisibles.

Invierno

Otro cuento de invierno

Erase una vez, en el reino de los dioses antiguos, cuando los hombres gestaban una explicación del mundo.

La vasija de Démeter, la madre, diosa de la tierra y de la fecundidad.
La granada de Perséfone, la hija cuyos granos comió inocente.
Madres e hijas.

Y aconteció el drama: Hades salió de las profundidades y raptó a Perséfone. Su madre la buscaba desconsolada. Al saber que estaba secuestrada en el submundo, airada dejó secar las cosechas. Tierra desolada, pesar y oscuridad.

Zeus ordenó que la hija fuera devuelta a su madre para que regresara la fertilidad, pero Hades le dio a comer unos granos de granada, así Perséfone tendría que regresar al mundo de las sombras unos meses al año.
Había nacido la estación fría y baldía.

Un cuento de invierno, un drama para explicar un misterio. Ciclo infinito de muerte y resurrección, girando de la oscuridad hacia la luz, palpitar incesante de la vida.

El hotel de Elena Posa:

La Casa Grande. Arcos de la Frontera.

www.lacasagrande.net  info@lacasagrande.net




martes, 21 de abril de 2015

DOS PARALELAS QUE SE ENCUENTRAN - 2

Delacroix. Lucha de Jacob con el Ángel. Detalle

Fotograma de un film de Yasujiro Ozu

Después de publicar la entrada sobre Elogio del caminar y Moo Pak, he encontrado un nuevo paralelismo entre otros dos títulos que se imbrican, se entrelazan con ellos.
Los seis nombres de la belleza, de Crispin Sartwell y Cinco meditaciones sobre la muerte, de François Cheng.

François Cheng ya me deslumbró en su libro Cinco meditaciones sobre la belleza –ver Notas-1 y posteriores−.
Siempre volviendo al tema inagotable y recurrente de la belleza. En Cinco meditaciones sobre la muerte, Cheng nos habla de la percepción de la vida desde la muerte. Hay un componente esencialmente religioso en ese libro, en el fondo el autor plantea el aceptar la vida como algo extraordinario que sólo se puede comprender desde el conocimiento, y aceptación, de su finitud, al menos corporal.

De nuevo las grandes preguntas sin respuesta, de nuevo el hecho de estar vivos como algo fuera de todo entendimiento.

Pero no puede evitar hablar de la belleza, creo que, por lo que he leído de él, es su gran tema: el mundo es bello y su belleza habita en el menor de los rincones… Y de nuevo se pregunta el porqué de la belleza del universo. No necesitaba ser bello, una afirmación que ya hacía en libro del que ya traté.

Aquí todavía va más allá y relaciona la belleza con la muerte, ¿cómo?

¿Por qué la belleza tiene que ver con la muerte? En primer lugar porque como cualquier cosa, no puede durar, se nos escapa…
Apego-desapego, he aquí la condición de la belleza: agudiza nuestra conciencia de la muerte.

Puede que lo que más me interese de sus nuevas aportaciones es que describe el acto de crear, lo que “hace” el artista, ligado de un modo inseparable a la producción de belleza. Hay unas reflexiones sobre el hecho mismo de crear impagables.
Hay otras cosas, quizá más sustanciales, más profundas todavía, por ejemplo, la necesidad de dar un sentido a la vida. La exigencia inexcusable de la pasión: pasión de aventura, pasión de heroísmo, pasión de amor.

Haber relacionado estos dos libros no es en absoluto gratuito, los dos tienen el nexo común de hablar sobre la creación y la belleza, y, además están íntimamente relacionados con los dos de los que me ocupé en la entrada anterior, y con tantos otros que han ido apareciendo en este blog.

Se ocupan todos ellos de mis grandes preocupaciones, que ya he ido desgranando, pero el de Crispin Sartwell da una visión de una riqueza inagotable, por el tema que es más asequible aparentemente, el de la belleza.
Con el pretexto de aproximarse a ella a partir del nombre que se le da en seis lenguas distintas, en seis culturas diferentes, Sartwell va detallando una compleja variedad de matices y aproximaciones. Puede que sea el libro más rico, más profundo que haya leído sobre esa materia.
Al mismo tiempo tiene algo que es de agradecer infinitamente, es absolutamente comprensible y ameno.
Desde la actual visión de la cuestión, pasando por las culturas griega, hebrea, hindú, hasta llegar a los navajos; el capítulo más brillante es, sin ninguna duda, el que se refiere a la cultura japonesa,
La cantidad de distintas acepciones para designar lo que nosotros entenderíamos como belleza, hasta los innumerables matices de cada una de ellas. Sólo sobre este capítulo cabría escribir páginas y páginas. Su lectura ha sido para mi iluminadora, especialmente cuando habla del término Shibusa, que me ha hecho comprender algo del cine de Yasujiro Ozu, que admiraba pero que no atinaba a poner en palabras:
Las cosas shibui (adjetivo de shibusa) son refinadas en el sentido de que no son llamativas… las cosas shibui se crean y experimentan con una especie de moderación meditativa… Shibui también significa “verdadero”, “simple” o “puro”.
No se podría definir mejor el cine del realizador japonés, cine que todavía sigue siendo para mí el mejor entre los mejores.

Pero también hay un momento en el que las paralelas se encuentran. Como Cheng, Sartwell relaciona la belleza con la muerte. Hay algunas coincidencias que me han llenado de perplejidad, dice Sartwell:

…la relación entre la belleza y el dolor, y en particular con la pérdida, es más profunda, es más estrecha. La belleza siempre implica la amargura de la pérdida, y la flor cortada no constituye una ocasión de placer visual, sino un símbolo de los perecedero…
Pero duelo, muerte y belleza despiertan en nosotros un anhelo, quizá el anhelo de lo imposible, el anhelo de un objeto que se nos escapa siempre de las manos.

Son casi las mismas palabras que las citas más arriba de Cheng: no puede durar, se nos escapa.

Los dos, pues, coinciden en una definición casi idéntica: “se nos escapa”; esto es, la belleza como algo imposible de aprehender.
Y aparece aquí de nuevo “lo imposible”. El artista libra una lucha a muerte con el ángel, dice Cheng, en una lucha, diría, de la que jamás saldrá vencedor. Lo que no quiere decir que por ello se deba abandonar el combate. Puede que, como también dice Cheng, sea una de las pocas opciones de dar sentido a una vida. Aunque asumamos el ineluctable fracaso, no hay más camino que ese, convivir con esa certeza. Dando un giro al pesimismo de la palabra imposible, apuntaría que también es imposible, al menos para mí, vivir sin esa lucha.

Para finalizar otra frase de Cheng:

Dante, cuando vio por primera vez a Beatriz, con nueve años, sintió el espíritu de la vida palpitando tan fuerte en él que estuvo a punto de hacer estallar sus venas.

Eso es la pulsión/pasión por la creación. Es una pasión que aunque imposible, es imposible de ignorar. Esa es la tesis de Cheng, la muerte es imposible de soslayar, por eso la vida es tan extraordinaria.

Los seis nombres de la belleza. Crispin Sartwell. Alianza Editorial, Madrid, 2013
Cinco meditaciones sobre la muerte. François Cheng. Siruela. Madrid, 2015