miércoles, 30 de enero de 2019

LA MUERTE DEL COMENDADOR o EL GATO DE CHESHIRE




En ocasiones uno tiene que renunciar a algún propósito. Hace un tiempo me dije que ya no tocaba leer, a autores actuales me refiero. A mi edad correspondía  limitarme a releer aquellos libros que me han marcado de un modo indeleble en mi viaje por la literatura, podría citar cuáles son –no lo voy a hacer- porque mi desafortunada memoria parecía exigir esa vuelta atrás.

Pero he aquí que ha caído en mis manos La muerte del comendador de Haruki Murakami. Lo empecé a leer un lunes por la mañana y lo terminé el martes siguiente al anochecer, sin levantar apenas la vista del libro. Escribo estas líneas apenas unas horas después, no son, pues, producto de una reflexión sosegada, lo son de unas primeras, pero profundas, impresiones.

Hay algunas circunstancias que me predisponían favorablemente, el protagonista del libro, a veces narrador, a veces observador, a veces parece que sobrevuele sobre los acontecimientos, es un pintor. Un pintor que inicia su carrera pintando cuadros abstractos, en una búsqueda inútil de la forma, pasa a realizar retratos por encargo y luego Retratos con mayúscula. No sé si Murakami ha pintado alguna vez, si no lo ha hecho se ha puesto en la piel de un pintor con un acierto que deja sin palabras. Al menos en lo que respecta a mi experiencia.

No sé nada de la vida del autor ni quiero saberlo. Uno de los misteriosos personajes –idea corporizada- le cuenta a nuestro pintor lo siguiente: al parecer Kafka tenía una peculiar obsesión con determinada propiedad de unas calles de Praga… El personaje le pregunta al pintor si conocía ese hecho, la respuesta es que no. La conclusión es que eso no tiene importancia, lo importante es la obra, qué más da la manía de Kafka.

No puedo estar más de acuerdo, siempre he pensado así, lo importante es la obra, la vida del autor es pura anécdota, casi para revistas del corazón. (1)

Pero a partir de ahí surgieron una serie de coincidencias, algunas extraordinarias, especialmente, claro, en lo que se refiere al mismo hecho de la creación.
El narrador, y un antecesor dueño de la casa donde vive, vital en el curso de la narración, sufren una metamorfosis parecida, empiezan en la abstracción, o algo semejante, y terminan enfrentándose , uno a la tradición –pintura japonesa tradicional- y el otro al rostro humano. Rememorando la frase –y también la evolución- de Giacometti: no hay más remedio que tomar un taburete, sentarse delante de un modelo, e intentar lo imposible, cito de memoria. Por cierto un taburete merece una especial atención en el libro.

En esa situación se describen hechos, sensaciones que he sentido como propias, la angustia del lienzo en blanco, la percepción del modelo del hecho de posar, “es como desnudarse”, el intercambio, el trueque, entre el pintor y el modelo. (2)
El pintor va desgranando sus sensaciones, su aproximación a la imposible tarea.
Cuando está pintando su segundo modelo, Marie, dice:
Entre aquella niña de trece años y yo, se estaba produciendo, sin duda, una especie de intercambio.  1-103

No hay nada naturalista en los retratos del pintor, no busca para nada una semejanza física, busca lo que he definido más arriba, lo imposible, lo incomprensible. Él mismo no entiende lo que está pintando. Aquí hay otra coincidencia, el no pensar, la mente en blanco mientras trabaja: Me parecía que en ese momento, lo más importante era no pensar. 1-253

En esas mismas páginas, hay unas reflexiones sobre la búsqueda del color, el color habla por sí mismo: Nada más acabar, supe enseguida cuál sería el siguiente color. Naranja. Eso lo vivo constantemente en mi trabajo. A veces un cuadro ha estado interrumpido largo tiempo porque el color no se “presentaba”.

Eso quiere decir que el lienzo habla, es otro diálogo distinto del pintor y el modelo; lienzo y pintor. Sobre ello se introduce otra cuestión, sobre la que se me ha preguntado en ocasiones, cómo se sabe cuándo una obra está terminada, es, sin ninguna duda, el cuadro el que lo decide, así lo describe Murakami:  Cuanto más se acerca a su finalización, más voluntad propia parecen adquirir, algo así como un punto de vista particular, una opinión. Una vez terminados son ellos los que indican al autor que el trabajo está terminado. 2-201
Y aún hay una coincidencia más, cuando el cuadro adquiere vida propia, el autor lo contempla, desde la lejanía espacial o temporal, como si lo hubiese pintado otro.

Como en la pintura, el libro, más allá de estas reflexiones sobre la creación y la pintura, tiene también vida propia. Quisiera imaginar a Murakami observando su libro como si lo hubiese escrito otro. La muerte del comendador no se agota en estas cuestiones, va mucho más allá, a veces aborda misterios relativos a la física cuántica, al gato de Schrödinger, que puede estar a la vez vivo y muerto, a veces se hace presente de modo ligeramente explícito la Alicia de Lewis Carroll, pero es evidente en cada una de sus páginas, desde la corporización de ideas u metáforas, hasta el personaje de Marie, casi un trasunto de Alicia.

No quiero ni puedo adentrarme más en ese rico laberinto del libro de Murakami, solo decir que me ha hecho rectificar esa intención de únicamente prestar atención a las relecturas. Un libro que ha hecho renacer en mí una curiosidad perdida. Nada más decir que una vez finalizada su lectura, la primera y fuerte pulsión fue volver a leerlo.

Enero 2019

1 Aquí haría una excepción, los libros de memorias, porque forman parte indisoluble de la obra del autor.
2 Sobre ello es muy recomendable la lectura del libro de James Lord, sobre su experiencia como modelo de Giacometti.

Notas

La muerte del comendador está dividido en dos volúmenes. En las referencias 1 o 2 indican si se trata del primer o del segundo volumen.

Esta entrada se puede completar con Conversación con una modelo en este blog






viernes, 28 de diciembre de 2018

Madurez de los limones

Durante todo este año he estado observando como crecían los limones. Cuando empezaron a alcanzar la madurez surgió esta serie de acuarelas.









lunes, 13 de agosto de 2018

Orejas


Durante el verano de 2007 aparecieron los acúfenos o tinnitus. Once años pues sin oír el silencio.

En diciembre de 2017 inicié  un cuaderno de dibujos de orejas, está recién terminado. 76 dibujos de los que pongo aquí una selección. Este trabajo no sé todavía si ha sido un ajuste de cuentas, una reconciliación, una aceptación, en todo caso una especie de exorcismo, cuya utilidad está por ver.
























lunes, 30 de abril de 2018

Nuevo taller


Después de mucho tiempo un nuevo taller en el estudio, los días 19, 20 y 21 de abril. Con óptimos resultados desde mi punto de vista. Espero que se pueda repetir sin que suceda un intervalo tan prolongado.






















miércoles, 11 de abril de 2018

Tejidos africanos


Siempre he albergado serias dudas sobre la capacidad del espectador de aprehender el sentido de una obra abstracta, incluso cuando yo mismo he trabajado en esa dirección durante un periodo de mi obra. En las culturas primitivas los elementos que aparecían tenían un significado concreto. Una magnífica exposición que hay en Museo Nacional de Antropología en Madrid, sobre tejido africanos, ha reafirmado esas dudas. Todo, formas y colores, se pueden traducir en algo inteligible. Una visita más que útil.