

En la galería René Metras de Barcelona, se presenta un libro de artista que ilustra parte de "Les fleurs du mal" de Charles Baudelaire.



Alonso Cano es un pintor, escultor y arquitecto granadino, del siglo XVII. Su trabajo se basa, casi exclusivamente en la iconografía religiosa. Curiosamente hay muy poca información sobre él en los buscadores habituales. Nada especialmente significativo, excepto que fue acusado de asesinar a su mujer.He visto estos días una serie de la BBC, Sherlock y la película sobre Tintín de Spielberg. De esta visión ha surgido una pequeña reflexión sobre cómo se acerca el cine a la literatura, o cómo un cineasta lee algo sobre lo que basarse.
Ver ambos productos y constatar la relación con sus orígenes, podría ser un buen ejercicio para los profesionales del cine y, especialmente, para sus guionistas.
Mi conclusión es la siguiente: mientras que en Sherlock se han abandonado, casi por completo, las referencias iconográficas, y en cambio en Tintín, se han querido recrear, en la primera se mantiene casi intacto el espíritu de las novelas de Conan Doyle, mientras que en la segunda, a mi modo de ver, se ha traicionado el touch de los comics de Tintín.
Para llegar a esta conclusión, he vuelto a leer algunos libros del detective londinense. Excepto quizá por la cuestión colonial, omnipresente en los textos, y la afición al opio y la cocaína, lo demás está ahí. Las sensaciones que embargan al lector de Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, o cualquiera de las narraciones, son las mismas, al menos para mí, que las que provocan la visión de los films. Parecen llamar a sentarse delante de un fuego crepitante, una tarde destemplada de lluvia y frío, con un buen cigarro y un cercano whisky, otra variante más sana: una taza de té y un gato en el regazo. Los libros y las películas se convierten en un confortable amigo que ayuda a convertir lo desagradable en acogedor y fascinante, en suma en sumirnos en un letargo que puede que algo tenga que ver con los efectos producidos por lo que habitualmente consume el habitante de Baker Street.
Alguna cosa me ha sorprendido de la relectura, dicho sea de paso, las citas “cultas”. De repente aparecen Jean Paul Richter, o Thomas Carlyle, mezclados con la intriga y el misterio, y los viajes al oscuro interior del ser humano. El Sherlock fílmico, aunque disimula, también es enormemente culto, lo que le facilita, por ejemplo, enfrentarse a la falsificación de un cuadro de Vermeer…
En cuanto a Tintín , mi decepción ha sido tan grande, que en un primer intento abandoné el cine. El segundo cargado de paciencia llegué hasta el final. Spielberg ha confundido Tintín con Indiana Jones, ha despreciado el humor de los dos inefables detectives y ha convertido al capitán Hadock en una caricatura. Y, todo ello, pretendidamente, preservando el mundo original. Puede ser que de niño a Spielberg no le fascinasen, como a mí y a tantos otros, las aventuras del adolescente reportero belga. Sino no entiendo el sentido de esta película.
Un apunte final. Acabo de ver el último episodio de la segunda temporada de Sherlock. Ahí, el avieso Moriarty máquina su definitiva bajeza. Intenta hacer creer que el detective se lo ha inventado todo, y con la invención ha creado la maldad. Manipula, especialmente los medios de comunicación, para hacer dudar de su propia existencia. Sherlock es, según el canalla Moriarty, el mentiroso, el malvado real. Me pregunto si Mourinho ha visto recientemente este episodio...
http://www.youtube.com/watch?v=m4foH4HCzKA
Este fin de semana ha terminado mi exposición de Sant Cugat. El fin de una actividad de este tipo siempre me sume en un estado de melancolía.
Es algo así como una pequeña muerte, un desapego de la obra, como si ya no me perteneciese, aunque regrese al estudio en su mayor parte, pero lo hace con otra condición.
Es por ello que siempre agradezco la presencia de amigos.
Hoy me ha golpeado la noticia de la muerte -esta vez cierta- de un amigo, Manuel de Solà Morales. Le conozco desde hace ya no se cuantos años. Desde el primer curso de Eina, donde daba clases de urbanismo. Recuerdo con verdadero cariño pocos profesores de aquel momento. No más de dos o tres. Manuel era uno de ellos.
Además no solo nos hemos ido viendo, sino que era un habitual de las inauguraciones de mi trabajo. La noticia de su desaparición se ha superpuesto a mi preocupación, hasta el punto de convertirla en pequeña, inapreciable. Vivimos habitualmente de espaldas a la muerte, como si no fuese con nosotros hasta que le vemos la cara demasiado cerca.
No me gustan las necrológicas, siempre suenan a falsedad. Por eso no me quiero extender más. Simplemente decir que ha aparecido en mi horizonte una nueva ausencia. Empiezan a ser ya bastantes las ausencias irremplazables. Manuel y Rosa Feliu, han sido para mi un punto de referencia, de un trabajo serio, bien hecho, en este mundo de banalidades. Espero que Rosa tenga ánimos de seguir con su trabajo. Y ya basta.
Cuando sucede una cosa de este tipo me siento como James Stewart al final de Vértigo. El rostro de incredulidad ante un vacio, que por otra parte no es más que la condición del ser humano, la imposibilidad de comprender la muerte y, casi diría, la vida.
Manuel y Rosa tuvieron la gentileza de visitar la exposición de Sant Cugat y dejar la nota que abre esta líneas.








Desde el día 13 de diciembre y hasta el 23 de febrero se puede visitar en la Galería Canals de Sant Cugat, una exposición titulada "Arquitecturas".



En la entrada “Retratos” ─enero 2009− incluí un texto en el que intentaba explicar mi interés por el retrato femenino, haciendo alguna acotaciones al respecto. He continuado haciendo retratos y entra dentro de mis posibles proyectos llegar a hacer una muestra con ellos.
En aquellas notas, no obstante, olvidé citar algo.
Hace ya muchos años, durante los primeros noventa, para ser más preciso, conocí, casi por azar, a una pintora, Pilar V., que me descubrió las impresionantes pinturas de Al Fayoum. Especialmente los rostros.
Ella, por aquel entonces, estaba realizando una serie de retratos de amigos, digamos que “a la manera de”.
Todavía estaba circulando por mi etapa abstracta, así que, lamentablemente, no le di la importancia que se merecía. Aunque yo mismo nunca había dejado de trabajar en dibujos figurativos, y se empezaba ya a perfilar el cambio que se iba a producir en 1996.
Como se dice en el post citado, en 2006, realicé, en el espacio Vol Art de la Fundació Vila Casas, una exposición monotemática sobre el retrato. En aquel momento debí aludir de algún modo, al poso que había dejado en mí la obra de Pilar y su interés por Al Fayoum. No se presentó la ocasión, y además ella había dejado Barcelona hacia años y no tenía como encontrarla. Ahora y aquí quiero dejar constancia de este hecho.
Las pintura de Al Fayoum tienen una relación directa con la muerte. En definitiva de trataba de “ilustrar” los sarcófagos con una imagen, más o menos intemporal, de su ocupante.
Algunos autores han vinculado el tema del retrato en general con la muerte, como Pedro Azara en su libro El ojo y la sombra. Esto puede significar un punto de inicio de una nueva reflexión.
Si he de ser sincero no puedo dar una explicación clara y contundente sobre mi fascinación por este género. Pero lo cierto es que retorno cíclicamente a él. Estos últimos meses he trabajado en una serie de acuarelas sobre este motivo. Representan una cierta recapitulación. Basadas casi todas ellas en apuntes y dibujos previos realizados a través de los años. Aparecen, sino todas, si muchas de las modelos que me han ido acompañando en este camino.
Los dibujos son en realidad torsos, como ilustra la primera reproducción, pero hace unos días advertí que únicamente los rostros adquirían un sentido distinto al de la totalidad de la obra, y que abrían un nueva dimensión de los mismos.
He aquí una selección…
















