martes, 10 de enero de 2012

ARQUITECTURAS









En un capítulo del libro -excelente por cierto- La folie Baudelaire, de Roberto Calasso, el autor analiza un complejo sueño del escritor francés.

No voy a entrar en la pertinencia o no de las conclusiones de Calasso. En todo caso es un brillante relato sobre un inquietante sueño.

Pero hay dos elementos que me han producido un fuerte impacto. El interior del edificio -un burdel/museo- por el que deambula B. en su sueño, está decorado con obras de arte; entre ellas "dibujos de arquitecturas y figuras egipcias".
Desde siempre he mantenido un gran interés por la mitología y la iconografía egipcias, pero lo que de verdad me ha impresionado son "los dibujos de arquitecturas".

Calasso dice primero -p. 175- que la arquitectura es un médium eminentemente onírico, pero lo que me atañe directamente es una afirmación que aparece unas páginas después: Los dibujos de arquitecturas son ya una irrupción de lo abstracto.

Puede que, efectivamente, esté apareciendo en mí una cierta pulsión por la abstracción. Es algo significativo e inquietante, que justo en este momento en que la dirección que quiero dar a mi trabajo va por un camino casi opuesto, haya aparecido esta cuestión de un modo inconsciente.

A veces veo el desarrollo de mi obra como algo ajeno a cualquier tipo de posible racionalización, parece que avance sola y que yo sea un espectador más. Observador y actor al mismo tiempo.

Nota.- He leído el libro después de terminar la serie de óleos y acuarelas "Arquitecturas". La lectura del texto me ha hecho reflexionar y pensar en su reanudación...

Roberto Calasso. La Folie Baudelaire. Anagrama. Barcelona, 2011.

domingo, 1 de enero de 2012

Una exposición, un cuadro...


Desde el día 13 de diciembre y hasta el 23 de febrero se puede visitar en la Galería Canals de Sant Cugat, una exposición titulada "Arquitecturas".

Creo que es una muestra singular, por dos motivos. El primero el tema. Es una novedad la incorporación de elementos arquitectónicos que me permiten jugar con superficies delimitadas por líneas rectas, combinándolas con otras orgánicas cuyo referente son masas vegetales.

Pero hay otra cuestión todavía más específica. Dos de las telas han tardado alrededor de diez años en terminarse: "El octógono de Scala Dei" y "La puerta".

Aquí voy a comentar una de ellas, "El octógono...". Las ruinas de la Cartuja de Scala Dei siempre me han fascinado. Supe de ellas hace aproximadamente treinta años de la mano de Joan Perucho. Entonces todavía tenían todo el aire de ruina romántica. Ahora, siguiendo una nefasta costumbre de nuestro país, las están convirtiendo en algo así como un parque temático.

La primera referencia a Scala Dei, apareció en una tela de 1998, titulada "El encuentro", en ella hay un elemento central, extraído de un relieve que corona la puerta de la iglesia de la Cartuja.
En 2000 empecé "El octógono..." que ha permanecido parado, hasta que este año pasado encontré la solución a lo que no me dejaba terminar la obra. Les dejo aquí imágenes de las dos versiones, emulando al genial Laplace y sus fantásticos dibujos del juego de los errores, que aparecen diariamente en La Vanguardia. Una pista, los naranjas. Peo hay más. Me ha producido una enorme satisfacción poder dar por finalizado el cuadro, después de diez años de no saber cuál era el problema.

También incluyo "El encuentro" y unas imágenes del relieve que utilicé como motivo. No voy a hablar de la simbología del corazón y el ovalo...







Galería Canals. Carrer de la Creu 16, Sant Cugat. Tel. 93 675 4902. www.canals-art.com
Hasta el 23 de febrero 2012

domingo, 27 de noviembre de 2011

Rostros

En la entrada “Retratos” ─enero 2009− incluí un texto en el que intentaba explicar mi interés por el retrato femenino, haciendo alguna acotaciones al respecto. He continuado haciendo retratos y entra dentro de mis posibles proyectos llegar a hacer una muestra con ellos.

En aquellas notas, no obstante, olvidé citar algo.

Hace ya muchos años, durante los primeros noventa, para ser más preciso, conocí, casi por azar, a una pintora, Pilar V., que me descubrió las impresionantes pinturas de Al Fayoum. Especialmente los rostros.

Ella, por aquel entonces, estaba realizando una serie de retratos de amigos, digamos que “a la manera de”.

Todavía estaba circulando por mi etapa abstracta, así que, lamentablemente, no le di la importancia que se merecía. Aunque yo mismo nunca había dejado de trabajar en dibujos figurativos, y se empezaba ya a perfilar el cambio que se iba a producir en 1996.

Como se dice en el post citado, en 2006, realicé, en el espacio Vol Art de la Fundació Vila Casas, una exposición monotemática sobre el retrato. En aquel momento debí aludir de algún modo, al poso que había dejado en mí la obra de Pilar y su interés por Al Fayoum. No se presentó la ocasión, y además ella había dejado Barcelona hacia años y no tenía como encontrarla. Ahora y aquí quiero dejar constancia de este hecho.

Las pintura de Al Fayoum tienen una relación directa con la muerte. En definitiva de trataba de “ilustrar” los sarcófagos con una imagen, más o menos intemporal, de su ocupante.

Algunos autores han vinculado el tema del retrato en general con la muerte, como Pedro Azara en su libro El ojo y la sombra. Esto puede significar un punto de inicio de una nueva reflexión.

Si he de ser sincero no puedo dar una explicación clara y contundente sobre mi fascinación por este género. Pero lo cierto es que retorno cíclicamente a él. Estos últimos meses he trabajado en una serie de acuarelas sobre este motivo. Representan una cierta recapitulación. Basadas casi todas ellas en apuntes y dibujos previos realizados a través de los años. Aparecen, sino todas, si muchas de las modelos que me han ido acompañando en este camino.

Los dibujos son en realidad torsos, como ilustra la primera reproducción, pero hace unos días advertí que únicamente los rostros adquirían un sentido distinto al de la totalidad de la obra, y que abrían un nueva dimensión de los mismos.

He aquí una selección…



















domingo, 30 de octubre de 2011

Libros amigos


Hace tiempo que no publicaba un post bajo este epígrafe. Han ido apareciendo libros con una cierta frecuencia, pero no de amigos.
Gabriel Ranzato ha publicado un nuevo titulo en Italia, pero voy a esperar su próxima traducción para hablar de él.

Esta vez se trata de alguien más que amigo, lo ha escrito mi mujer Nuria Vidal.

La piedra negra, es un apasionante relato de aventuras en el que se mezcla tiempos y espacios. Siendo la autora alguien tan próximo, voy a dejar que los futuros lectores saquen sus propios juicios y opiniones.

Hay algo más atractivo en esta experiencia, el libro lo ha editado también un amigo, en su editorial on line BAT -Biblioteca Andreu Teixidor.

La gran ventaja es que se puede descargar desde cualquier lugar del planeta. También se puede obtener un volumen impreso si así se desea.

Espero que su lectura les depare momentos tan interesantes, felices y divertidos como a mí.

La dirección del enlace es:

http://www.bubok.es/libros/207734/La-piedra-negra




martes, 14 de junio de 2011

Notas-5. Un sueño



He hablado en este blog, y en otros lugares, sobre el desnudo femenino. Desde mi punto de vista de pintor y, evidentemente, de ser humano. Casi siempre me he circunscrito, al terreno del arte y del papel del desnudo femenino ahí.
En estas notas voy acumulando apuntes, sugerencias, que pueden en un futuro tomar una forma más unitaria, más coherente.

Releyendo lo que he escrito hasta ahora soy consciente de que quizá falta una mayor presencia de mi voz. Han aparecido opiniones de escritores, teóricos, incluso la de una de mis modelos -ver Conversaciones con una modelo.
Pero ¿cómo es mi experiencia? Sobre mi propio trabajo, sobre el de los demás. He dejado escrito que visión tiene una modelo sobre sí misma y sobre mí, ¿pero qué visión tengo yo? ¿qué siento mientras trabajamos?
Me podría escabullir fácilmente y decir que cada caso es distinto. Cada modelo un nuevo mundo y no mentiría, es una verdad indiscutible, clara.

Pero todo esto ha tenido un principio. El mío lo puedo datar alrededor de mis diez años. En todo caso antes de los doce.

François Cheng, en el libro tan citado aquí, cuenta que una de sus tías al regreso de un viaje a Francia, le trajo reproducciones del Louvre y de otros sitios, dice literalmente: "Nueva conmoción ante el cuerpo desnudo de las mujeres, tan carnal e idealmente mostrado. Venus griegas, modelos de Botticelli, de Tiziano y sobre todo, más cercanos de Chassérieu, de Ingres. La Fuente de Ingres, emblemática, penetra el imaginario del niño, le arranca lágrimas". El recuerdo es de cuando Cheng tenía siete años.

Mi relación con imágenes pictóricas es posterior a esa edad, cuando mi padre me regaló la Historia del Arte de Pijoan, o puede que de unos fascículos que compraba por mi cuenta. Descubrí entonces imágenes turbadoras, quizá la que más me impresionó fue Antíope de Correggio, que reproduzco arriba en blanco y negro porqué así la recuerdo. Es una historia común por la que ha pasado muchas gente de mi generación, y seguramente de posteriores.

Pero hay un antecedente más: un sueño infantil.
De niño leía unos tebeos de ciencia ficción, deudores seguramente de Flash Gordon, llamados Diego Valor, en ellos el héroe tenía una especie de novia, Beatriz Fontana, por la que yo abrigaba sentimientos que ahora me parecen indescriptibles, quiero decir que no soy capaz de explicar.
Pongo una de las viñetas que no he podido olvidar desde entonces. Incluso ha aparecido en alguna de mis obras.

El sueño es simple y corto. Estando gravemente enfermo, quizá en trance de muerte, se me aparecía la heroína y me decía: "no te preocupes, me desnudaré ante ti y te curarás". No recuerdo en absoluto si se llegaba a desnudar o no, pero la impresión que me causó esta frase todavía perdura.
Desde entonces he relacionado la visión del desnudo, con la curación, con la compasión.
Mucho más tarde he encontrado ejemplos que hablan de esta relación.
Marilyn Yalom cita en su libro Historia del pecho, que en una iglesia de North Cove, existe una pintura en la que la Virgen María muestra sus pechos, en un acto de intercesión por un grupo de pecadores condenados al infierno.
En la película Sue de Amos Kollek, la protagonista accede a mostrar sus pechos a un vagabundo, también por compasión. Sobre esta cuestión puedo volver más adelante.

Ya he contado, pues, dos motivos, uno de ellos matricial, de mi interés por el desnudo femenino, y por el arte, por la pintura en particular. No se debe olvidar que hay un factor decisivo: en el sueño, mi "sanadora" era un dibujo que se había corporeizado en mi imaginario. Si algo recuerdo con claridad del sueño es que quien me hablaba no era un dibujo, era una mujer.

Pero es evidente que no pasan sólo por ahí mis vivencias con una modelo.

Acostumbro a decir que la humanidad se divide en dos tipos de seres, los que son como el viento -necesitan moverse, viajar, son nómadas- y los que somos como un árbol. Las cosas acontecen a nuestro alrededor en un espacio mínimo.
No ha sucedido siempre, claro, pero para mí, en bastantes ocasiones la relación con una modelo ha significado el viaje a una terra incognita, ¿por qué que hay más desconocido para un ser humano que otro ser humano? La relación que se establece ahí, en un lugar cerrado entre alguien que mira y dibuja y alguien que ofrece una visión -a veces teofánica- es un gran viaje lleno de misterios y descubrimientos.
Espero poder ir hablando de ello...

martes, 7 de junio de 2011

El árbol de la vida


Cuando hace unos días terminé de ver The Tree of Life de Terrence Malick, tuve dos sensaciones distintas.

La primera hacia mucho tiempo que no me pasaba -desde la primera visión de Apocalypse Now- no me hubiese movido del cine, habría visto la película por segunda vez. Lo percibido era tan sumamente complejo que necesitaba, necesita, más de un visionado, para empezar a captar la enorme dimensión de la propuesta.

La segunda es que el film será criticado -mal visto- por hacer emerger de nuevo el ansía de espiritualidad. Especialmente por un cierto matiz que puede ser interpretado como cristiano, incluso católico.

Sobre la primera cuestión no puedo más que expresar satisfacción porque exista un producto que conteniendo tal riqueza y complejidad de ideas y de imágenes, exija más de una revisión.
Siempre he pensado, desde mi punto de vista de pintor, que una pintura debe crecer con el tiempo, ser cambiante, ofrecer a cada nueva mirada un aspecto de diversidad enriquecedor; quizá como una muñeca rusa, pero al revés y sin finitud. Si no es así, el trabajo ha fallado.

Creo que el gran cine tiene esa virtud. ¿Quién de nosotros no ha visto y revisto algunas películas y no se ha cansado nunca? Puede ser un ejercicio útil que cada uno se pregunte ¿cuales?.

Lo segundo todavía me interesa más. Recuerdo que de niño, nacido en la ciudad, me sorprendió al ver unas obras en la calle, que bajo el asfalto hubiese tierra. Pienso que la humanidad, en su mayor parte, vive en ese estado de ignorancia, o quizá sería mejor llamarle disimulo.
Casi nadie quiere ser consciente de la extrañeza del mundo y, por extensión, del ser humano.
Que sucesión de inmensas causalidades han tenido que suceder para que la vida exista tal y como la conocemos. No cabe pensar en lo que había antes del primer instante, cuestión que alberga una paradoja inimaginable por ahora, sino que sucedió y cómo después, que está pasando ahora mismo en el universo, para llegar donde estamos.

La película discurre en dos espacios, el del interrogante y el del vacío. La mujer hace de puente entre ambas esferas. Como dice Joseph Campbell hay "un ámbito de visión en que tiempo y eternidad eran uno". *
El vacío el de la cotidianidad, una perspectiva de ausencia, que la muerte del hijo no hace sino dilatar. El resto, la mirada interrogante hacia el cielo. El agua y las sombras. El caminar hacia el horizonte. El atravesar una puerta en medio de la nada. No son sino caminos para alcanzar la compasión.
La compasión del dinosaurio, la compasión hacia los otros, hacia si mismo, hacia el tiempo perdido...

Sobre la posible lectura de la película como católica, me parece irrelevante. Ordet finaliza con un milagro y en mi opinión es uno de los films más extraordinarios de la historia del cine.

Además el árbol, omnipresente, es un símbolo universal que aparece en casi todas las muestras de espiritualidad. Buda fue siempre relacionado con un árbol "el árbol bajo el que se sentó Buda". Es más, al principio del budismo, cuando Buda no era representado nunca, a menudo lo era con un árbol.

Al fin el budismo escoge la no pregunta. La aceptación de la ausencia. Quizá esta película nos esté diciendo esto: no hay que formular la pregunta, y la única actitud posible ante esta carencia, es la compasión.

Por mi parte quiero creer que el árbol es sobre todo el símbolo del renacer del espíritu, y que The Tree of Life dibuja con precisión lo que ello puede suponer, de modo que se ha incorporado a mi memoria de forma decisiva y puede que permanente.

* Joseph Campbell. Las mascaras de Dios. Mitología creativa. Alianza Editorial, 1992.

viernes, 20 de mayo de 2011

Notas-4


He ido hablando en entradas anteriores de algunos temas cruciales para mi trabajo, que se entrecruzan constantemente. La pintura, la belleza, el desnudo femenino, el pintor y la modelo.

A veces pienso que voy dando palos de ciego. Es difícil sistematizar todo este material, en ocasiones creo que la mejor imagen para ilustrar metafóricamente esta situación es la de James Stewart al final de Vertigo, una imagen de perplejidad absoluta ante lo que “se le ha ido de las manos”, no se ha quedado ante el vacío, se ha quedado vacío.

De hecho la creación no es más que un difícil equilibrio entre lo que tiene sentido y lo que no lo tiene en absoluto.

En más de una ocasión uno renunciaría definitivamente a todo y se retiraría a la no-acción. En otras, en cambio, acontece que todo se vuelve luminoso y el trabajo se convierte en un camino lleno de belleza y compensaciones, pero ¡ay! acostumbra a finalizar ante la presencia del Mago de Oz.

Cuando inicié esta serie de post anticipé que hablaría de “Abstracción y Naturaleza” de W. Worringer. Hasta ahora no había aparecido. Es un interesante texto que aporta argumentos sugerentes sobre la abstracción, pero lo que más me impresionó del libro fue la plasmación de dos ideas que me parecen esenciales y que comparto plenamente:

“Toda la historia del conocimiento intelectual y del dominio intelectual sobre el Universo nos da la impresión de un esfuerzo estéril, de un dar vueltas absurdo…Nos hacemos cargo de que con cada progreso del entendimiento el panorama del mundo se ha vuelto más hueco y superficial; de que cada progreso intelectual se ha tenido que pagar con la atrofia de un órgano: de la innata capacidad del hombre para sentir el insondable misterio de la vida.”

No puedo sino suscribirlo. Ciertamente la humanidad ha ido perdiendo la capacidad de preguntarse sobre la incógnita de la misma vida, de lo que la rodea…Vive sumergida en una ficción. Y también estoy de acuerdo en que a pesar de todos los esfuerzos no se ha podido, hasta ahora, desvelar nada. El interrogante sigue siendo el mismo desde el albor de la humanidad.

Curiosamente, ahora mismo, en el Festival de Cannes, se han presentado dos films, The Tree of Life, de Terrence Malick y Melancholia de Lars von Trier, que ,al parecer, ponen de nuevo sobre el tapete el problema. Otra vez el cine es el que osa abrir los signos de interrogación. Afortunadamente en un espacio que puede tener una cierta repercusión. Pero no conviene ser demasiado ser optimista.

La otra frase de Worringer: “El valor de una obra de arte, aquello que llamamos su belleza, reside, en términos generales, en sus posibilidades de brindar felicidad.”

No puedo estar más de acuerdo. Cabría preguntarse ¿qué es la felicidad? Sólo tengo una respuesta: ausencia. Ausencia de dolor, de angustia. Ausencia de búsquedas inútiles. De expectativas inalcanzables.

Algo más, una obra de arte debería aportar no sólo felicidad, sino consuelo, compañía, diversidad. Pero sobre ello hablaré más adelante. Especialmente sobre el concepto de consuelo, de curación que intentaré entroncar con la idea de belleza en general y con la del desnudo femenino en particular…

Adenda. Sobre todo esto una anécdota, en una de mis primeras exposiciones un crítico local que se las daba de filósofo, hizo una reseña negativa de la muestra, utilizando como argumento, que eran obras que producía consuelo ─conhort en catalán− visto ahora, desde la distancia de casi treinta años me parece que me estaba elogiando.

Mayo 2011